Encontré una noticia que lidia sobre el problema de la corrupción gubernamental. Específicamente, el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil. Aparentemente, Carlos Lupi, izquierdista del Partido Democrático del Trabajo, se le vio bajar de un avión del empresario Adair Meira. Según los medios, Meira recibía dinero del Ministerio de Trabajo a través de una ONG. Por esta razón, Lupi fue acusado de crear un esquema de corrupción para financiar sus actividades políticas. Su respuesta fue que nadie lo sacaría del gobierno y solo se iría si lo “abatían a tiros”.
Tras la prensa publicar las fotos de Lupi, se puede considerar de que mintió a Brasil. Por esto, Rousseff intentará remodelar el gobierno para que Lupi no forme parte del mismo. No solo el gobierno está en contra de los actos de Lupi, también lo está Vivaldo Barbosa. Este es una figura histórica del partido. Los hechos le han llenado de tristeza y establece que el PDT ya no es un partido limpio.
En Brasil, Lupi no ha sido el único en ser acusado de corrupción. Recientemente, Orlando Silva, del Partido Comunista de Brasil, tuvo que abandonar el gobierno por corrupción. Escogí esta noticia porque para mí la corrupción es uno de los problemas más grandes de Latinoamérica, no tan solo de Brasil. Pienso que la evolución económica y social Latinoamericana depende del control político que tiene la gente de poder. Si un país trabaja mucho y al final sus gobernantes son corruptos, ¿cómo se supone que progresen? Se debe establecer una solución para evitar estos problemas en el futuro.

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